domingo, 3 de mayo de 2015

Competencia Digital y profesorado competente. La necesidad de un cambio de rumbo.

Tras ver el vídeo de la UD 1 del curso "Enseñar y evaluar la competencia digital" del INTEF #CDigital_INTEF y los comentarios de los compañeros y compañeras sobre él mismo, puedo mostrar mi total grado de acuerdo con el hecho de que nos encontramos ante un gran reto, que no es otro que incorporar a la escuela a actual al desarrollo de la competencia digital, aunque yo iría más allá, pues creo que asumir el nuevo rol de los centros educativos y del profesorado es intentar caminar de la mano de la sociedad en la que vivimos. 

Desde hace ya bastante tiempo, me da la sensación de que los sistemas educativos que se improvisan en nuestro país y se suceden con una frecuencia bastante indeseable, así como el hieratismo de la administración educativa o, por qué no decirlo, la falta de iniciativa, quizás de valentía, para liderar un cambio educativo real, viven anclados en un sociedad que ya no existe e intentan "preparar" a su alumnado para "retos" sociales del pasado.

Tree by Geralt PD

Quizás el primer paso será la concienciación de la comunidad educativa, no sólo del profesorado, de la necesidad de trabajar en pos de la competencia digital. Igualmente, esta concienciación ha de ir ligada a una obligatoriedad tanto, en la formación inicial y permanente del profesorado, como de la aplicación de metodologías de enseñanza que fomenten el aprender haciendo. Hace muy poco leía una entrevista (http://bit.ly/1bSnFfD) en tiching, en la cual Mercé Gisbert (@Merce_G) hablaba de la necesidad de valorar periódicamente la competencia digital del profesorado. Evidentemente no podemos conseguir, ni siquiera suponer una capacitación profesional docente en lo referido a la competencia digital de un día a otro, pero si ha de darse, más pronto que tarde, un paso definitivo hacia la exigencia de una formación inicial, para los que están en esa época, y de una formación vinculante y obligatoria para aquellos y aquellas que ya están en su desempeño profesional.
En el caso de Andalucía, como docente convencido de la necesidad del trabajo referido al desarrollo de la competencia digital, me causa estupor y sufrimiento ver tablets y ultraportátiles con que la Consejería a equipado a los centros, guardados en armarios, o pizarras digitales, de gran coste económico, usadas en un porcentaje muy alto de ocasiones como un simple cañón retroproyector. Creo que ha dejado la hora de buscar culpables, que si la administración no se ha preocupado de formar a los centros o profesorado, que si el equipamiento no es el adecuado, que si el profesorado no es nativo digital, que si la sociedad va mucho más rápido que la escuela y un largo etcétera, y, de una vez por todas, ponerse manos a la obra y, sin lugar a dudas, todo pasa por un proceso de formación permanente acorde a las exigencias de la sociedad. 

Por otro lado, se habla mucho de nativos digitales y si entendemos por tal, personas que por haber nacido rodeados de tecnología tienen un gran dominio de las mismas, he de diferir con ello. La experiencia de aula me dice que el alumnado usa mucho la tecnología, pero de forma muy básica y, en la mayor parte de los casos, como parte de su ocio o tiempo libre. Rara vez se capacita al alumnado a usar los dispositivos móviles u otros elementos de gran potencialidad para estar conectado con el mundo y con el avance y producción cultural. Digamos que sí, que viven rodeados de tecnología, pero que el uso que de ella hacen es muy limitado. Sería el momento de preguntarse la razón: familias sobrepasadas por el avance tecnológico, docentes anclados en la que María Acaso llama escuela bulímica; memorizar contenidos para vomitarlos en un examen, poca disposición de los centros al uso de la tecnología, bien por desconocimiento, mayormente por miedo a perder el control del proceso de ENSEÑANZA-¿aprendizaje?. En definitiva, considero que habría que replantear el concepto de nativos digitales.

Finalmente, esto no es una moda pasajera, es una necesidad ¿cómo va a preparar la escuela al alumnado sin el uso COMPETENTE de la tecnología? Creo que es algo impensable, no solamente para los que estamos convencidos de ello, sino para todos aquellos y aquellas que o bien no se atreven (nadie los obliga), o bien no se ven capaces (nadie controla su proceso de capacitación, ni lo hacen vinculante), o bien no les gusta (nadie supervisa el aspecto vocacional y profesional). Como dije líneas arriba, es momento de pasar a la acción, de intentar dejar a un lado la burocracia (el papel lo aguanta todo) y producir un cambio cualitativo en la metodología de enseñanza de nuestras aulas.

Para ello, más que unas reflexiones, planteo unas preguntas: 

1. ¿Cuándo se comenzará a dejarse asesorar por aquellos docentes innovadores que están protagonizando dicho cambio y que están obteniendo muy buenos resultados, no solamente en términos cuantitativos, sino, lo más importante, en el plano cualitativo? 

2. ¿Para cuándo una vinculación de la carrera docente a la formación permanente y la implicación profesional? 

3. ¿Establecemos una relación entre el coste económico que ha supuesto en mi región equipar a los centros con ultraportátiles, tablets, pizarras digitales y el grado de uso que están teniendo? La misma operación habría que hacer entre el coste económico de la formación permanente y el número de docentes que acuden a ella, en primer lugar y, después la aplican, en segundo y más importante término. 

 4. ¿Cambiamos o seguimos este rumbo?

Como epígrafe me gustaría referirme a experiencias recientes que he vivido, a través de las cuales he podido participar en acciones formativas con estudiantes de magisterio. El ABP, no tanto, pero el uso de dispositivos móviles, BYOD, el trabajo colaborativo y cooperativo, la flipped classroom son, en términos generales grandes desconocidos para la futura generación de docentes. La innovación no está en estos momentos en la universidad, sino en las aulas de una parte del profesorado muy implicado y comprometido con el cambio que nuestra escuela merece. Creo que es momento de hacerlos visibles, de convertirlos en líderes y de reconocerlos, por parte de la administración y la sociedad, como su trabajo merece.

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