lunes, 29 de junio de 2015

El profesorado necesita ser atendido, valorado y exigido.

Como todo sabéis, en este año académico que va tocando a su fin, me embarqué en la aventura de ser asesor de formación y ahora, tras haber decidido volver al cole, al contacto directo con el alumnado y a atender a mi vocación de Maestro por estar bastante en desacuerdo con el actual sistema de formación permanente, toca hacer balance de lo vivido y sufrido.

Volta as Aulas. André Luis D. Takahashi en Flickr. CC BY 2.0

Ni que decir tiene que nuestros centros educativos funcionan sólo y exclusivamente por el esfuerzo de sus docentes, pues, de otra manera irían a la deriva entre una vorágine de normativas, circulares, instrucciones cambiantes e ideas "brillantes" de la adminstración educativa. Como bien dice mi amigo y Maestro Juan Torres Guerrero, no hay país que aguante tantos cambios educativos como venimos sufriendo en España en los últimos 30 años. A nadie sorprendo, al menos a nadie que me conozca, si saco a relucir mi caracter crítico con el sector docente, pero si el año pasado, a estas alturas de curso, ponía en el debe del profesorado la necesidad de una mayor implicación/motivación y formación permanente (y por supuesto inicial), mis reflexiones, si bien siguen apuntando a que todo lo anterior es necesario, ponen ahora mucho más énfasis en el "abandono" a que la administración somete a los centros educativos, al alumnado y a su profesorado.

A esta alturas de la película nadie puede dudar de que la formación inicial y permanente del profesorado no responde, ni en términos de calidad, ni en términos de suficiencia, a las demandas de la sociedad en que vivimos, ni, mucho menos, a la sociedad en que viviremos. John Dewey decía "si enseñamos a los niños como solíamos hacerlo en el pasado, les estaremos robando el futuro" ¿Qué futuro les espera a nuestros alumnos?¿En que momento de su vida han de poner en valor y desarrollar lo "aprendido" en la escuela?¿No pueden ver ustedes mucha similitud entre las clases actuales y las de hace 20, 30, 40, 50, 60........años? Pero, en cambio los niños y niñas de ahora no son los mismos de los de antes, sus necesidades, prioridades y demandas distan de aquellas que protagonizaban nuestra niñez como lo hacen la noche y el día ¿Por qué nuestro sistema educativo no se plantea seriamente estas cuestiones? Respuestas, como las meigas, haberlas hailas, pero hoy hemos venido a reflexionar sobre otra cosa, sobre la formación del profesorado para afrontar las necesidades a que antes hemos hecho referencia.

Volvemos con el cántaro a la fuente, la formación inicial y permanente del profesorado es insuficiente, tanto cualitativamente como cuantitativamente. Pero no hemos de poner este aspecto en el debe de los y las docentes, puesto que, salvo vocación y aspiración personal, no se ven sometidos a ningún otro tipo de exigencia al respecto.

A día de hoy, en la comunidad andaluza, la única vinculación/control del proceso de formación permanente del profesorado se vincula al cobro de sexenios, para lo cual bastan con 60 horas de formación cada seis años. Eso sí, pueden ser "convalidadas" con excursiones o vigilancias de comedor. Ojo, y también con la participación en planes y programas, que todos aquellos y aquellas que hemos vividos en un colegio, sabemos que del papel a la realidad hay una gran oscuridad. Se pone mucho más empeño y énfasis por parte de nuestra administración en que el profesorado acometa los trámites burocráticos (esto si son obligatorios) que en que se actualice y forme adecuadamente. 

Burocracia. Cristiano de Jesús en Flickr CC BY SA-NC 2.0


Bajo esta perspectiva, si a mí, para cobrar "x" cuantía más sólo se me exige formarme durante 10 horas al año, si esa formación no va vinculada de otra manera a una promoción profesional, a una carrera docente, si además he de afrontarla en mi tiempo libre, y, si como hemos dicho anteriormente, haciendo vigilancia de comedor o saliendo de excursión ya me vale, por desgracia, conocemos la respuesta de muchos y muchas docentes, los cuales, puesto que ni se les conciencia, ni se les exige, ni se les evalúa, no ven la necesidad de ese reciclaje continuo, el cual debería ser indispensable en nuestra profesión/vocación.

Entramos aquí en el espinoso campo de la evaluación de los y las docentes. Aspecto éste totalmente necesario en cualquier sistema educativo que se precie y que tenga un camino claro. Evidentemente, en nuestro incesante cambio lesgislativo, se hace difícil este proceso de evaluación, puesto que el ir y venir, el vaivén de leyes impiden saber qué es aquello que se ha de exigir a nuestros docentes. No obstante, ha de ser algo muy atener en cuenta por parte de nuestras administración. Algún día ha de construirse un proceso serie de evaluación docente, no como arma fiscalizadora y burocrática, sino como guía y apoyo a la mejora.

Own Work. Mosborne en Wikipedia CC BY-SA 3.0

Evidentemente, dentro de esa evaluación, un lugar destacado habría de ocupar la formación a que nos venimos refiriendo. En este sentido, a día de hoy, la oferta formativa que existe en Andalucía para el profesorado es amplísima, variada y de diferentes tipologías. Puedes formarte a distancia, en tu centro, en jornadas, cursos presenciales, con seguimiento, apoyos, talleres. Pero falla algo, quizás lo más importante, la obligatoriedad, la significatividad y la vinculación real a la promoción profesional y económica.

Si en una determinada empresa habilitan una nueva maquinaria, si la consulta de un médico se dota con un nuevo equipamiento de detección y tratamiento, la gente se echaría las manos a la cabeza si la formación para su uso no fuera la correcta o incluso nos llamaría mucho la atención que no fuera obligatoria ¿por qué no pasa lo mismo en el sector docente?

La adminstración educativa, en este caso, la consejería de educación, en la atribución de sus competencias educativas, ha de arbitrar medidas para, por un lado, convertir en obligatoria la formación en aspectos clave de los nuevos modelos y paradigmas educativos (TIC, aprendizaje cooperativo, aprendizaje basado en proyectos, inteligencia emocional, igualdad, atención a la diversidad, competencias clave) y, por otro lado, vinculación retributiva para aquellos docentes que, una vez cumplida dicha formación obligatoria, se sigan formando e implicando en nuevos procesos de innovación e investigación. De esta manera, el profesorado, pensará que su administración se ocupa y preocupa por su formación, por su mejora e implicación, pero, a día de hoy, el caso es el contrario, hecho éste muy peligroso. Si soy un docente que innova, que se forma, que dedica tiempo libre a su mejor preparación, que se implica en proyectos de investigación y cambio, que gasta su dinero en adquirir diferentes recursos y ve que uno de sus compañeros o compañeras no se forma, ni innova, ni se implica, ni se le exige y que la valoración cualitativa y cuantitativa (económica) que su administración hace de ellos es la misma.........¿piensen ustedes que puede pasar?. Piensen en el caso contrario.....esa persona innovadora, implicada, en continua formación recibe un mayor reconocimiento profesional, tanto en retribución, como en promoción....¿habría algún cambio?

Para próximas entradas analizaremos con mayor detenimiento el proceso de formación permanente, de dónde surgen las actividades formativas que se proponen, el origen de la multitud de planes, programas y proyectos, etc.


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